Ayer me acosté a las 12.30. No suelo acostarme tarde, pero quería esperar a
ver la luna desde la terraza. Me mandaron fotos de ella desde España y pensé que merecía la pena verla porque estaba
preciosa.
Me acosté para dar vueltas y más vueltas a todo lo que me ronda por la
cabeza últimamente. Le daba una vuelta para un lado, y otra para el otro. Así, una y otra vez.
A las 3.15, estaba en la terraza contemplando la luna de nuevo.
Media hora
más tarde me volvía a la cama a intentarlo otra vez. Y sí, esta vez parecía que
me dormía, cuando de repente, en medio del silencio escucho:
- ¡¡Mamiiiii!!
Currita quiere venirse a mi cama, y yo, que aunque no lo parezca me esfuerzo por ser buena madre, trato de ayudarla a volver a
conciliar el sueño en su camita, quedándome con ella media hora. Cuando por fin
parece que se ha dormido regreso a la mía. Suspiro, miro el reloj, las 5.30.
- Aún me quedan dos horas - me digo sin sospechar la que se me venía
encima.
Oigo de nuevo a Currita, pero esta vez dem asiado cerca. Abro los ojos y la veo a los pies de mi cama (que por cierto casi me da un infarto).
- Mami ez que no quiero dormir máz - me dice con voz de pena.
- Pero si aún falta mucho para levantarse, ven aquí conmigo – le digo
tirando por la borda todo lo que había argumentado antes para que se quedara en
su cama.
Y de un salto, se me tira encima con más energía que si se hubiese tomado un Red Bull.
Después de patalearme, de hacer que ronca como un señor, de tirarme del pelo (sin querer,
según ella) y de levantarse al baño 3 veces, finalmente, puede con mi paciencia.
- ¡Ya está bien! ¡Por favor estate
quieta y trata de dormir! - le digo enfadada.
Entonces ella utiliza su último recurso:
- Mami ez que me ziento mal porque zi eructo me zale el ruido por la oreja
– comenta tocándose el oido con cara de perro abandonado.
- ¿¿¿Cómo??? Pero Currita eso es imposible…
Y justo cuando trataba de explicarle que los eructos no salen por
la oreja… Ha sonado el despertador.
