Hay
niños muy cabrones. Es el caso de una de las amigas de Currita. La conocemos
desde que llegamos a Miami y siempre fue así. Al principio pensábamos que era
la típica niña mal criada, consentida, que poco a poco se le iría pasando, pero
no. La cosa ha ido a peor.
Ya
tiene 5 años y es cursi, caprichosa, con voz de pito, siempre vestida de
princesa rosa y con el pelo rubio hasta el culo de largo. Gritona, arisca, repelente y
mentirosa. Con ese puntito que diferencia una trastada de niña de 5 años con
una cabronada en toda regla. Un joyita de criatura. Creo que Currita suma más momentos de enfado y llanto a su lado que contenta.
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Así pero de verdad |
La
cosa es que, como ya son tres años sumando cabronadas y conteniendo las ganas
de tirarla al agua o decirle al oído la procedencia de los regalos de Navidad, por
fin el otro día la vida me concedió un momento de satisfacción.
Las
dos niñas jugaban juntas a dar vueltas con las bicis alrededor de la piscina. La
princesa rosa en cuestión le pidió a Currita que la empujara para tratar de ir
más rápido, así que mi niña se bajó de su bici y empujó la suya con tal fuerza
que de repente toda la piscina escuchó:
- ¡¡¡No
me empujes tan fuerte que me cagooooo!!! ¡¡¡Noooooo!!! ¡¡¡Que me cagooooooo!!!
¿La
princesa rosa se caga? Nooooo….
Tengo
que explicar que es americana y chapurrea un poco de español. Y claro, en
este caso solo le faltó la letra “i” para no cagarse.
Y no
sé si porque mi niña es buena, o porque se dio cuenta de las carcajadas del
personal, le dijo:
- ¡¡¡Qué
no se dice me cago!!! ¡¡¡Se dice me caigo!!!
¿Y si se está cagando de verdad?
Una pena, con lo que estaba disfrutando contemplando la escena...
¿Y si se está cagando de verdad?
Una pena, con lo que estaba disfrutando contemplando la escena...