Empecemos
poco a poco, que no parezca que me muero de ganas. Despacito y casi sin darme
cuenta. Aquí estoy de nuevo. De nuevo en Miami y de nuevo escribiendo.
Que
no parezca que tengo mil historias que contar y que me pongo nerviosa sólo de
pensar en ello. Que no parezca que yo también os he echado de menos.
El
lunes me pongo a ello. Los cachorros empiezan el cole, (¡por fin!) así que
tendré tiempo para escribir. Os contaré por ejemplo como una noche vino a verme
un vecino con un perro gigante proponiendo algo realmente raro (absolutamente
inocente, aclaro por si acaso). O como Paquita y sus amigos encontraron a un
señor durmiendo en la cama de Currito cuando llegaron a Miami de vacaciones.
También he aprendido que llega un momento en la vida en el que la bachata mola
más que el techno. Quién me lo iba a decir a mi…
Por
fin he conocido la azotea del Mercado de San Antón y he descubierto que comer
en una terraza de Chueca en agosto no es tan caro como dicen. Que sigo pensando
que se puede fumar sólo cuando se bebe (mucho), sin necesidad de caer en el
tabaco (otra vez). Que te puedes reencontrar con una amiga del cole y hablar y
hablar y hablar como si se acabara el mundo (y encima con un hermano escritor).
Que aunque tengas 40 años, si bebes copazos en el León Rojo sin apenas cenar,
vas a vomitar como cuando tenías 17 (aunque con 40 se pasa peor). Que las
playas de Huelva son preciosas pero me siguen gustando más las de Cádiz. Y que
si alquilas un coche y lo devuelves con un golpe en el espejo retrovisor, nadie, excepto Currito y Currita se va a dar cuenta.
Todo
esto y mucho más. Prometido. Por cierto, por si alguien tiene dudas, sigo sin
dar el perfil de mamá y esposa entregada y sigo sin soportar ser ama de casa.
Me encanta la luna llena (también hay una historia para ella).