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lunes, 2 de diciembre de 2013

Agradecer


Dice nuestro súper diccionario que agradecer es mostrar gratitud. A mi me parece que es un gran sentimiento olvidado en los laureles. Pero cuando te acuerdas de él y agradeces  de verdad, te sientes la pera, y no cualquier pera: la pera limonera.
Estos gringos con los que me relaciono últimamente, tienen un día para dar gracias, ¡un puntazo! A quién tú quieras o por lo que te de la gana. Por si durante el año estás a por uvas y pasas de eso de la gratitud, ellos te obligan a hacerlo durante un día entero. La única condición es que lo  hagas en familia. Y no es por nada, pero para estos que viven siempre los padres en una punta y los hijos en la otra, pues está muy bien. Y además te dan puente.

El jueves pasado tuvimos nuestra cena de acción de gracias. El Currante, los cachorros y yo. Cenamos pavo asado relleno, boniatos con salsa de grosellas y pastel de calabaza. Lo clavamos, igualito que ellos.
Durante la cena, explicamos a los cachorros el significado de esta celebración, y en los postres propusimos que cada uno de nosotros diese las gracias por algo.
El primero fue Currito:
- Doy gracias por las vacas, dice muy serio.
- ¿Por las vacas?- le pregunto.
- Si, afirma rotundo.
- Muy bien y ¿por algo más? Si quieres te digo por qué doy gracias yo, así te doy una pista -le digo.
- Bueno - dice algo confundido.
Me arranco:
- Yo doy gracias por teneros conmigo, porque estamos sanos y porque nos queremos mucho.
Currito levanta la mano como en el cole.
- ¡¡Yo, yo, yo, yo, yo!!
- Dí Currito - le digo.
- Doy gracias por ti mami - dice mientras me mira sonriendo.

Entonces es cuando una se derrite cual polo de limón al sol…