Dice
nuestro súper diccionario que agradecer es mostrar gratitud. A mi me parece que
es un gran sentimiento olvidado en los laureles. Pero cuando te acuerdas de él y agradeces de verdad, te sientes la pera,
y no cualquier pera: la pera limonera.
Estos
gringos con los que me relaciono últimamente, tienen un día
para dar gracias, ¡un puntazo! A quién tú quieras o por lo que te de la gana. Por si durante el año estás
a por uvas y pasas de eso de la gratitud, ellos te obligan a hacerlo durante un
día entero. La única condición es que lo hagas en familia. Y no es por nada, pero para
estos que viven siempre los padres en una punta y los hijos en la otra, pues está muy bien. Y además te dan puente.
El
jueves pasado tuvimos nuestra cena de acción de gracias. El Currante, los
cachorros y yo. Cenamos pavo asado relleno, boniatos con salsa de grosellas y
pastel de calabaza. Lo clavamos, igualito que ellos.
Durante la cena, explicamos a los cachorros el significado de esta celebración, y en los postres propusimos que cada uno de nosotros diese las gracias por algo.
Durante la cena, explicamos a los cachorros el significado de esta celebración, y en los postres propusimos que cada uno de nosotros diese las gracias por algo.
El primero
fue Currito:
- Doy
gracias por las vacas, dice muy serio.
-
¿Por las vacas?- le pregunto.
- Si,
afirma rotundo.
- Muy
bien y ¿por algo más? Si quieres te digo por qué doy gracias yo, así te doy una pista -le digo.
-
Bueno - dice algo confundido.
Me arranco:
Me arranco:
- Yo
doy gracias por teneros conmigo, porque estamos sanos y porque nos queremos
mucho.
Currito
levanta la mano como en el cole.
- ¡¡Yo,
yo, yo, yo, yo!!
- Dí Currito - le digo.
- Doy
gracias por ti mami - dice mientras me mira sonriendo.
Entonces
es cuando una se derrite cual polo de limón al sol…