martes, 10 de marzo de 2015

Acento español

Cuando se despertó tenía el 90 mensajes en el teléfono. Ni los miró. Se fue directo a la ducha, se afeitó y se vistió. A duras penas logró abrir la cafetera, a veces se atascaba. Hizo café y metió una rebanada de pan en la tostadora. Mientras esperaba cogió el teléfono y se puso a leer el Marca. Saltó la tostada, untó mantequilla y mermelada que había hecho el día anterior con las fresas que se iban a poner malas. Dejó el teléfono y se sirvió un café. Como siempre tiró la mitad en la encimera y rápidamente lo limpió.
Salió al jardín, se subió a su bici y puso rumbo a su nuevo trabajo. Había un sol espléndido. De repente, un perro se cruzó en su camino y le hizo caer al suelo. No le dio tiempo a levantarse antes de que pasara el coche. El coche frenó, pero ya era tarde. Pasó por encima de su pierna y de su bici.
El camino hasta el hospital se hizo eterno, sobre todo por el miedo. La pierna tenía muy mala pinta, y aunque le hicieron una cura rápidamente en la ambulancia, iba muy asustado. No se dio cuenta de que su teléfono se quedó tirado junto a la bici en el suelo. Así que no pudo llamar a nadie, no se sabía ningún teléfono porque solo llevaba en Miami 15 días.
Pasaron 4 horas y le cosieron 25 puntos. 
Llegó a casa y se sentó como pudo en el sofá. Puso la tele. Tenía hambre, pero prefirió aguantarse las ganas de comer a levantarse de nuevo. Se quedó dormido.
Pasó toda la noche en le sofá. Cuando despertó eran las 10 del mañana. No había teléfono que mirar, ni mensajes que ignorar. Se moría de dolor y no tenía los calmantes que le recetaron. Tenía que pedir ayuda.



Salí de casa a comprar leche, cuando de repente oí desde la terraza de una primera planta:
- ¡Perdona! ¡Oye!
Me hice la sueca. A mi no me conoce casi nadie aquí. Así que hice como que no iba conmigo, hasta que volví a oír:
- ¡Tú! ¡La de verde! ¿Podrías ayudarme, por favor?
La de la camiseta verde era yo -¿se me habrá caído algo? pensé- y reconozco que su acento español me intrigó, así que me giré y miré para arriba. Ahí estaba Javier, apoyado en la barandilla de su terraza, con una pierna vendada y con más cara de miedo que de vergüenza.
-¿Me llamas a mi?- pregunté.
-Si, perdona pero necesito ayuda- me contestó
Y así fue como conocí a Javier, porque esa mañana salí a comprar leche y porque no hay nada como escuchar acento español para fiarte hasta del más cara dura. Y en vez de leche fui a comprar calmantes.










martes, 3 de marzo de 2015

Yo también nací en el 73

Y como tú, rondo los 42, algunos tenemos hijos, grandes amigos, una casa, un casi trabajo, alguien con quien compartir la vida, un corazón podrido de latir (con permiso de Sabina) y un cuerpo empeñado en mostrar su edad.

Hemos mirado al futuro con cierto recelo, tal vez asustados por la supuesta experiencia de los que nos precedieron; y hemos mirado al pasado a veces con alivio, muchas otras con nostalgia. El miedo al futuro tampoco era para tanto, porque lo que tenga que ser será y a veces por mucho que nos empeñemos ese algo jamás sucederá –esto último lo acabo aprender-. 
Somos más de presentes -de aquí  y de ahora- que de futuros inciertos, aunque reconozco que lo miramos de reojo, por si acaso. Quién sabe como amanecerá mañana…
Así que, nos dejamos llevar por los vaivenes o por los meneos que la vida nos regale. A veces nos recuperamos rápido y otras, aún nos duele la pedrada que nos dieron con 8 años.


Somos mujeres defensoras de mujeres, y no por tener hijos -aunque cada vez me siento más poderosa por ser madre- si no porque siempre tenemos algo más que dar. Porque todas las que nos rodean son claros ejemplos de generosidad. Y cuando digo todas, digo todas. Mira a tu alrededor y verás.

Sólo teníamos dos canales de televisión y nos mandaban a la cama si al empezar una peli aparecían dos rombos… No tuvimos ordenadores, ni tablet, ni consolas, pero nos encantaba saltar a la comba, las tabas, las muñecas, los Juegos Reunidos, el rescate, o pasábamos las tardes subidos a un árbol comiendo pipas. Salíamos a la calle con bocadillo en mano, sin miedo a que nos secuestraran o nos atropellaran, y si te caías, la mercromina lo solucionaba todo.
Íbamos de vacaciones 18 en el mismo coche sin cinturones de seguridad ni DVD. Y ninguno tuvimos traumas por ello.

No era para tanto como nos contaron en los colegios de monjas y curas (lo del infierno y el pecado era mentira), ni como nos contaron los de la movida. Aunque de estos últimos aprendimos bastante.
Ese afán por querer ser mayor…

Estoy llorando en mi habitación, todo se nubla a mi alrededor, ella se fue con un niño pijo… 
¡Ay ese niño pijo…!









martes, 24 de febrero de 2015

Y yo me pregunto...

¿Y si talan el árbol que me da sombra? ¿Y si me quedo aquí? ¿Mejor pájaro en mano? ¿Un tatuaje? ¿Un corte de pelo? ¿Y si ya no te quiero? ¿A qué hueles? ¿Roncas? ¿Madrid es cómo lo imagino? ¿Cuántos besos no doy al día? ¿Te vienes a San Francisco? ¿De verdad no te voy a ver más? ¿Me olvidaré de tu cara? ¿Podemos? ¿Nos vigilan? ¿Perro ladrador poco mordedor? ¿Te estás columpiando? ¿Me quedaré con las ganas? ¿Y si me dejo? ¿Y si no sale más el Sol? ¿Otra vez? ¿Y si paso de largo? ¿Flores de Bach o Lexatín? ¿Qué es mejor, la voluntad o el talento? ¿Me seguiré sorprendiendo? ¿Otro bebé? ¿Cuándo demonios vas a escucharme de una vez? ¿Te gusta cuando callo porque estoy como ausente? ¿Mis palabras no te tocan? ¿Y si no existiera morir? ¿Qué estás leyendo? ¿Y si tuviera súper poderes? ¿Fumo? ¿Por qué llueve sobre mojado? ¿Qué será de Curra? ¿Y si nadie nos viera? ¿Estamos de paso? ¿Nunca beberé de ese agua? ¿Si me miras me ves? ¿Si me oyes me escuchas? ¿Si me tocas me sientes? ¿Loco o cuerdo? ¿Lo volveré a hacer? ¿Lo volveré a intentar? ¿Y si dejo de imaginar? ¿Estoy aquí o allí? ¿Por quién me cambiaría? ¿De verdad hay tanto lerdo suelto como parece? ¿19 días y 500 noches, no son muy pocas? ¿Hay tanta luz como parece? ¿Te acompaño hasta tu casa y luego me acompañas tú a la mía? ¿Y si pudiera mirarte por un agujerito? ¿Tienes los años que aparentas? ¿Nunca te quitas la careta? ¿Siempre es mejor la verdad? ¿Es vértigo o deseo de caer? 

¿Y si paso de todo?


martes, 17 de febrero de 2015

Cantando con una mejicana

El sábado tuvimos juerga con un gringo y una mejicana. Con niños y todo. Empezó como suelen empezar las buenas juergas: sin querer. Sin querer queriendo…
Paseo por South Beach con cervecita en mano, los niños correteando a nuestro alrededor y flipando con el personal con el que nos vamos cruzando.
Las 9. Habrá que pensar qué hacemos. ¿Vamos a casa y cenamos algo? Vale.

En casa. Mientras los niños se encargan de destrozar todo lo que pillan, nosotros salimos a la terracita a seguir con las cervezas y comer algo. Cerramos la puerta y que dentro hagan lo que quieran, jugar al fútbol o quemarla. Me la pela. 

Las 10 y las 11, las 12 y la 1, y las 2 y las 3... Si, ya sé que soy  muy pelma con las canciones pero es que viene al caso.
Los  4 cachorros por fin se quedan sopas por ahí, donde pillan. Angelitos… Y de repente, la mejicana se arranca a canturrear no sé qué a mi lado, hasta que lo reconozco y pienso: Uy..., no sabe donde se está metiendo… Y claro, me pongo a hacer los coros.
Empezamos con rancheras, que el grito mariachi anima mucho. Por fin los hombres nos abandonan y se van a sus quehaceres de arreglar el mundo y de exaltación de la amistad. Mi colega y yo seguimos a lo nuestro:
- ¡¡¡Con dineeeero y sin dineeeero, hago sieeeeempre looo que quieeeeero, y mi palabra es la leyyyyyyyyy!!!




(Tengo que decir que mi casa es un edifico serio donde jamás en la vida hemos oído una voz mas alta que la otra y menos a esas horas)

Pues eso, que cantamos cual locas en la terraza como si el mar fuese nuestro fan mas fiel.
¡Qué bien se siente una cuando se cree que canta como los ángeles aunque lo haga como el culo! Te creces, y cada canción nueva vas un poquito más lejos. Hasta que por fin te levantas y mando a distancia en mano a modo de micrófono, lo das todo y te partes de risa. Y gesticulas e imitas las muecas que ponen los cantantes -nunca he sabido muy bien por qué- pero lo haces igual. O eso crees. Y piensas: si es que yo tenía que haber sido cantante…

Y ahí queda. Del día siguiente mejor hablamos en otro momento. Creí morir.   




lunes, 9 de febrero de 2015

Un pasado en blanco y negro

El Canal Internacional de Televisión Española es de las cosas más tristes que he visto en mi vida. Documentales sobre las fiestas regionales de cualquier pueblo español, películas del año de la pera que están más vistas que el tebeo. Saber y Ganar, Cuéntame y telediarios, muchos telediarios. Y por supuesto, Españoles por el mundo 3 horas al día. A ver si los responsables de programación se ponen las pilas un poquito por favor.



Ayer ponían una peli en blanco y negro de esas que entristecen, que más que sueño te dan pena profunda. Que parecía como si esos colores apagados, y esas imágenes viejas se colaran en el salón y lo tiñeran todo de nostalgia color ceniza y de tinieblas del pasado.
Nadie la estaba viendo pero de repente algo llamó la atención de Currito:
- Mamá, ¿eso es el pasado?- preguntó mientras seguía mirando interesado.
- ¿Qué quieres decir Currito?
- ¿En el pasado era todo gris y negro? ¿Cuándo la abuela Uvita era pequeña el mundo era gris?
- No Currito, antes las cosas tenían los mismos colores que ahora. Eso sólo es una película…
En ese momento dos hortelanos cargaban un cesto lleno de vete a saber tú el qué (al ser en blanco y negro es complicado saberlo, porque si fuese naranja estaba claro ¿me explico?). Caminaban agotados y sudorosos bajo el solazo de un campo seco y gris.
- ¿Y por qué es tan triste?- preguntó finalmente.

Y después de explicar a Currito como evolucionó la televisión hasta convertirse en lo que es hoy en día, me quedo impresionada con la película que se había montado el pobre Currito en su cabeza:

¿No es flipante que creyera que en el pasado la vida era en blanco y negro? Muy desencaminado no iba, creo yo.






GRACIAS POR TU COMENTARIO

martes, 3 de febrero de 2015

Haciendo las Américas


Hoy mamá Curra escribe aquí (página 18):




Gracias a AEXE (Asociación de Expatriados y Emigrantes Españoles) y a la revista Pasaporte, por ofrecer a mamá Curra esta oportunidad. La vida del expatriado es un poquito más fácil teniendo gente como vosotros al lado.