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martes, 4 de febrero de 2014

El señor Néstor

Después de Valentina, es inevitable hablar del señor Néstor. 
El señor Néstor pasa los días sentado en un muro de un edificio medio en ruinas muy muy cerquita de casa. Tiene un carro con matas, periódicos, bolsas llenas de cosas, paraguas y una maleta vieja. Viste ropa limpia, siempre está bien afeitado y fuma en pipa. Algún día he visto como le llaman la atención por fumar, y como contesta riendo:
- ¡Si está apagada! Gruñón de mierda, seguro que le preocupan mis pulmones…- termina diciendo entre dientes.

Desde el primer día que pasamos a su lado nos saludó.
- Hola jefes - les dice a los cachorros.
Y así, a lo tonto, siempre hablamos un ratito y otro ratito y otro ratito más. Hasta que un día me contó lo que de verdad hacía allí.
Néstor Sepúlveda, cubano de nacimiento, español de sentimiento y con el corazón hecho añicos por el amor de mi Valentona (que no Valentina), como dice él.
- ¿Usted conoce a Valentina? Una cubana alta, de pelo largo…- le pregunto intrigadísima.
- Conozco a Valentina Bermúdez, pero a mi me gusta llamarla mi Valentona. Nunca conocí mujer con más cojones que ella. Divina señora, alegre, bondadosa y con curvas de las de verdad. Aquí me tiene como un tonto o como un loco, esperando a que venga a traerme algo para comer, o algún cigarrito que sisa por ahí. Ella no sabe que la rondo, ella no sabe que la quiero. Dirás que soy tonto pero no tengo nada mejor que hacer. Ya soy viejo y la vida me ha tratado regular. No debo nada a nadie, así que me puedo permitir no trabajar y contemplar a mi Valentona cuando cruza la calle corriendo porque llega tarde a su trabajo. O cuando llueve y no tiene paraguas y llega empapada pero muerta de risa. La mejor escena que me regala, es cuando menea su culo y se va con más gracia que una quinceañera por donde ha venido. ¡Ay amiga! Ahí si que me hace feliz - dice suspirando.

¡Joder con Valentina! pensé. Así que, encantada con el culebrón que estaba viviendo en directo, en cuanto tuve ocasión le pregunté a ella.

- Valentina ¿de qué conoce al señor Néstor? Ayer vi como le llevaba un bocadillo y un café.
- Ay mi niña, pobre hombre. Está sólo en Miami, no tiene mujer que lo cuide ni amigos que le den calor. También se vino para la Florida hace mil años, y está loquito perdido. Él se fue para Chicago a trabajar de barrendero, pero después de muchas vueltas que la vida le dio, se quedó en la calle. Tú sabes que con los fríos del invierno, en otros estados, meten en autobuses a los jomeles para que no se congelen en las calles y los sueltan al calorcito de Miami. Así, como perros salidos de la perrera. ¿Puedes imaginarlo? El señor Néstor es uno de ellos. Trato de ayudarle como puedo. Le llevo comida y si tengo un ratito le hago compañía y le acerco un ronsito para alegrarle el alma y hacerle feliz.

Y yo pensando: si tú supieras que él es feliz viéndote mover el culo…



viernes, 31 de enero de 2014

Valentina

Valentina llegó a Miami desde Cuba hace ya 25 años. Dice que dejó atrás un marido cabreado y un país de mierda. Que lo único que echa de menos es a su madre y la alegría de la gente. Que allí los enseñan a menear el culo desde pequeños y no les hacen falta grandes alegrías para ponerlo en marcha. 
- Ya desde bien temprano en la mañanita nos gusta moverlo, porque el meneito te despereza el alma - dice.

Valentina trabaja en el edificio en el que vivo limpiando el lobby o lo que le manden. Se ríe como una loca y grita mucho cuando habla porque dice que hay que animar el cuerpo a los de aquí, que no tienen sangre en las venas y al oír un grito se alborotan.

En seguida nos hicimos amigas. Me encanta cruzarme con ella y que me llame “la española", como las aceitunas, y que me cante:
- La Habana es Cai con más negritos, Cai es La Habana con más salerooo.

Algunas veces la he preguntado sobre como llegó a Miami y siempre me dice lo mismo:
- Estas largas piernas que el Señor me dio me trajeron hasta acá. De sólo dos zancadas llegué a Los Estados Unidos - dice mientras se sube la falda para que las veas.
Y girándose mostrando el culo continua la explicación.
- Pero por si acaso, también me dio este enorme trasero que me pudiera hacer flotar en el océano en caso de necesitarlo.
Y se ríe a carcajadas enseñando su descuidada dentadura.

Trabaja 10 horas diarias de lunes a domingo para mantener a sus 4 sobrinos, a su madre y a algún familiar más que, como ella dice, le sacan la sangre con más descaro que una sanguijuela.
Vive en una casita pegada al aeropuerto con su novio y un montón de perros. Dice estar loca por ese hombre. Que cuando llega a casa en su coche, antes de bajarse, se acicala en el espejo interior cepillando su melena y pellizcando sus mejillas para que no se note el agotamiento que trae en el cuerpo. Y al bajarse, deja atrás la porquería que ha limpiado y comienza a menear la cadera para hacer una entrada triunfal. 
Él la espera con la cena en la mesa y cuando escucha su coche, sale a su encuentro agarrándola por la cintura mientras bailan. Así se saludan todas las noches.

Algunos días le cuesta disimular el cansancio, dice que los años pesan, pero que mientras mantengas alejadas a las penas y actúes siempre con el corazón, los males del cuerpo los cura el colorete, un buen ronsito y la mano de su amor. 
Sabia Valentina…