miércoles, 9 de julio de 2014

Por fin sola

Sola. Un botellín de Mahou, unas anchoas de Santoña y yo. No quiero nada más.
20 días en Madrid. 20 días, con 24 horas cada uno de ellos. 20 días sin parar. Familia, amigos, amigos, familia. Comer, comer, comer. Comer y beber. Ya ni siquiera me importa si engordo. Es tan evidente que no merece la pena pensar en ello.
Y por fin me encuentro sola y no se qué hacer. Pongo la tele. Cambio y cambio de canal. Dejo la ventana abierta, escucho los coches y la gente que pasea por la calle. Desde un cuarto piso se puede oír de que hablan. 
Decido salir a pasear. Sin rumbo. Camino por la Castellana, por Padre Damián, por Félix Boix y vuelvo a casa por el Paseo de la Habana. Me encanta el ruido de Madrid. La gente hablando y alborotando las calles. Los coches mal aparcados y las motos subidas en las aceras. Las terrazas de los bares a tope de gente. Los niños aún levantados jugando en la calle mientras sus papás se toman la última caña antes de llevarlos a dormir. Las 10 de la noche y el cielo aún es azul.
No hace calor, es más, hace un poco de frío. No puedo estar más agradecida por el tiempo que nos esta haciendo. Hasta he llegado a pasar frío de verdad algún día. 
Casi todo sigue igual, quitando algún bar nuevo y los parquímetros del infierno. ¡Siempre tengo que volver al coche a mirar la matrícula!


Aún tenemos más de un mes en España. Me relaja pensarlo porque todavía hay algún rezagado que no se ha dejado ver. Hay tantas cosas por hacer, tantos sitios a los que ir, tanta gente a la que volver a ver... Huele a lluvia.











lunes, 16 de junio de 2014

¡Me piro vampiro!

¡Si! El viernes: ¡España! 
Tengo un nudo en el estómago… Estoy nerviosa, como una tonta, como una cría… Nunca hemos estado tanto tiempo seguido en Miami, 6 meses sin pisar Madrid, es mucho tiempo. Mucho tiempo sin vernos las caras. Espero que sigáis igual de guapos y de simpáticos que cuando me fui. Que sigáis como siempre.
Son días de nervios para todos. Currito atacado por volver a ver a sus amigos, Currita preocupada por si sus primos ya se han hecho mayores y ella aún no, y yo como loca haciendo compras. Regalitos para todos, para los que habéis sido buenos o para los que entráis en el nivel 4 y encargos del personal.

Y esta vez nos quedamos todo el verano. Tenemos dos meses por delante. Dos meses para hartarnos de verdad. Hartarnos del verano español. De cerveza con limón y de pescaito frito. De terracitas en Madrid y de charlas hasta las tantas. De paellas con amigos y de calor seco. De piscinas congeladas y de que anochezca a las 10. De tardes en la sierra y de siestas con los cachorros. De jamoncito del bueno y de tinto de verano. De acostarse y de levantarse tarde. De chiringuito de playa y de planes todos los días y a todas horas. De familia y de amigos…
Os quiero ver a todos, que con tanto tiempo por delante no hay excusa que valga, y si puede ser más de una vez, mejor.

Propongo la semana que viene, el miércoles, en la terraza del León Rojo. ¿Os viene bien a las 9?







lunes, 9 de junio de 2014

Si encuentras una pistola

Currito terminó el cole el viernes pasado, y entre todos los trabajos que trajo a casa, estaba especialmente emocionado con uno de ellos: una carpeta con el logo de la policía de Miami que contenía varías fichas para colorear, o para poner pegatinas. Bastante normal: normas de circulación básicas, cómo actuar en caso de incendio, y de repente, las dos últimas me hacen flipar. Aquí os las dejo:






 Después de flipar un rato, me acerco a hablar con el protagonista de este cuento de miedo:
- ¿Y esto Currito? – pregunto mostrándole las fichas en cuestión.
- Nada mami, es por si algún día vemos una pistola. Me han dicho que no la toquemos y que avisemos a un mayor -  dice sin darle ninguna importancia.
- Ah, una pistola…
Y una se tiene que quedar tan tranquila. Flipo.

Y claro, es que en este país, puede ser que un día mis cachorros estén en casa de un amigo, y de repente abran un cajón y… ¡Tachán! ¡Una pistola! ¿Y si deciden jugar con ella? ¿Y si está cargada?

Lo que está claro es que a mi hijo le han enseñado que las pistolas existen, que matan y que no hay que tocarlas. Incluso en los coles y en algunas empresas hacen simulacros de hombre armado. Así es. Así de increíble. Los enseñan a apagar la luz, a meterse debajo de las mesas y a estar quietecitos ¿No es flipante?


Sinceramente, aunque es la cruda realidad de este país, no termino de acostumbrarme a vivir con naturalidad este tema. No me gusta que enseñen a mis cachorros a actuar en caso de que un hombre armado entre en su colegio. No me gusta. Me parece un horror. Pero no me queda otra. Aquí, entran hombres armados en los colegios y se lían a tiros. Aquí, la gente lleva una pistola en la guantera del coche o la guardan en un armario de la cocina junto a las galletas. Aquí, está mi casa.





miércoles, 4 de junio de 2014

Currita y las lagartijaz

Desde hace ya algún tiempo, uno de los entretenimientos preferidos de Currita cuando vamos caminando al cole es contar lagartijas. Hemos llegado a contar 30 en un paseo de 15 minutos.
Nuestras preferidas son las que inflan su cuello como una canica y lo ponen rojo como una fresa. Son un espectáculo. La mayoría no se asustan y podemos acercarnos a verlas bien.


Esta tarde al volver del cole hemos visto a dos de ellas muy quietas mirando hacia arriba. Y aquí ha empezado Currita a mostrarme todo lo que sabe sobre este animalito:
- Mira mami eztán mirando hacia arriba porque zaben que va a llover.
Efectivamente, el final del paseo lo hemos hecho corriendo para no mojarnos. Mejor dicho, para mojarnos menos.
-¿Vez mami? Las lagartijaz lo zaben. Ze lo dicen el cielo y los pajaroz, pero como no hablan nueztro idioma puez no noz dicen nada - dice muy convencida.
- ¿Tú crees Currita? - pregunto sorprendida.
- Zi, mami. Zon muy inteligrentez. A vecez laz he pizado y zin querer laz he cortado la colita. ¡Puez ze van corriendo para que no laz pize máz! ¡Y zin colita! Eso ez de zer inteligrente ¿no?
- ¿De verdad has hecho eso Currita? Pobrecitas, ¿no te dan pena?
- No – responde tajante.
Es sincera la criatura, le importa tres pitos dejar al bicho mutilado.

Ya en casa y sin venir a cuento dice:
- A lo mejor en vez de ingléz puedo aprender el idioma de laz lagartijaz, azí laz puedo preguntar cuando va a llover. ¿Eh mami?  Y cogemos un paraguaz o no cogemos un paraguaz. Mañana le pregunto a la teacher Conzuelo a ver zi lo puedo aprender en el cole.


Lo que está claro es que hoy en día los idiomas son importantísimos, así que cuantos más sepa, mejor.





viernes, 30 de mayo de 2014

Mensaje en una botella

- ¡Mami, mami, miraaaa! – grita Currito desde el quinto pino.
Yo, tumbada boca abajo tratando de ligar bronce, agusto agusto, me hago la sueca.
Vuelvo a oír:
- ¡Mamiiiiii! ¡Miraaaa, es una botellaaa! 
Al momento, imagino el peligro como madre histérica que soy. ¿Ha dicho botella? ¿Ha dicho cristal? ¿Ha dicho rota? ¿Ha dicho, me voy a hacer un corte horrible y me vas a tener que llevar al hospital?
No. Sólo ha dicho: botella. Da igual. Me levanto dando un salto y veo a Currito con una botella llena de mugre y sí, de cristal.
- ¿Qué haces con eso Currito? Vamos a tirarlo a la papelera. ¿No ves que es de cristal, se puede romper y te puedes cortar? – le digo mientras me sacudo la arena.
Y vuelvo a imaginarlo con 32 puntos en su bracito.
- ¡Qué no mami! ¡Qué tiene algo dentro! - me insiste emocionado.
- Pues con más razón, hijo. ¡¡Qué asco!!

Quería volver a aplastar mi oreja en la toalla y para eso tenía que deshacerme de la dichosa botella lo antes posible.
- Trae, anda – le digo mientras se la quito y compruebo que efectivamente, la historia acababa de empezar.
La botella tenía algo dentro. Y yo, lejos de cualquier romanticismo sólo pensaba en ser práctica. Había que romperla y ver que mierda contenía.
- Vamos mami, vamos - me animaba Currito - Hay que buscar una piedra y romperla, a lo mejor tiene un mapa de un tesoro…

A ver ahora de dónde saco una piedra, y a ver ahora dónde rompo la dichosa botella para no cortarnos… Por suerte ese día había poca gente en la playa y al menos no tenía que montar un numerito. Así que nos alejamos de la orilla y con más miedo que vergüenza, golpeé la botella contra una papelera hasta hacerla añicos. Currito no pudo evitar coger el papel que había caído de dentro  y abrirlo.
- Mami, es una carta – decía con la mirada llena de ilusión.
- A ver trae, y cuidado con los cristales (coño, que obsesión). 

 Efectivamente, la botella tenía un tesoro. Un tesoro así de bonito. Un regalo:

"Buscad arrecifes y cosas que brillen, nadad con otros peces que conozcan nuevas rutas, atentos a la música eléctrica de las focas y a las crestas de las olas, y a las resacas y a los rayos de sol y a todas las estrellas. Nadad más y más. Practicad un poco más. Practicad en aguas dulces. 
Dentro de un tiempo, os echo una carrera."

Me encantó. Me emocionó. A Currito no tanto. Su plan de buscar un tesoro se había esfumado. Pero a cambio le propuse devolver la botella al mar. Una botella con un mensaje suyo y uno mío. Desde la costa de Miami a la de Cádiz por ejemplo. ¿Llegará?