jueves, 3 de abril de 2014

De mayor quiero ser pequeño

Me levanto cuando ya no quiero dormir más. Un desayuno me espera en la mesa y mientras me lo tomo, me comen a besos y me preguntan que qué tal he dormido. El día empieza bien ¿verdad?
Luego me ayudan a vestirme y me voy en bici a ver a mis amigos que me esperan en el colegio. Allí, por lo general, juego de muchas mareras y aprendo cosas nuevas que me tienen flipado. Todo me interesa.

Me río mucho. Eso lo suelo hacer durante todo el día. Porque todo suele ser divertido y de cualquier cosa se puede hacer un juego o simplemente hacer el tonto. Mola mucho hacer el tonto cuando te da la gana. 
Me resulta fácil disfrutar de cualquier cosa y ser feliz.

Justo cuando me empiezo a cansar de estar en el cole, me vienen a buscar con una merienda, me vuelven a comer a besos y me llevan a seguir jugando en un parque, en una piscina, en casa… Donde sea. Lo importante es pasarlo bien todo el rato.

Por la noche, un bañito siempre en compañía de mil cosas con las que jugar y una cena en la que cuento todo lo que he hecho en el día. Me escuchan y también me río. Luego, me leen una historia bonita, me dan muchos mimos y ¡a soñar con los angelitos! (O con lo que me dé la gana).

Muy resumido, este podría ser un día cualquiera en la vida de mis cachorros, y quitando que hay que acostarse prontito, yo firmaba ahora mismo el cambio.
Pensaba hacer la comparación con un día cualquiera en la vida de un adulto, pero me ha parecido que iba a quedar algo largo y muy muy deprimente, así que ¡ánimo!, siempre nos quedará hacer el tonto (algunos adultos lo bordamos).

Aquí os dejo este vídeo. Seguro que después de verlo, más de uno se plantea si es posible volver atrás. Volver a ser un niño.







lunes, 31 de marzo de 2014

¡Qué mal se come en Miami!

PUAGGGG. Así tengo que empezar a escribir. Podré parecer exagerada pero en Miami no se come bien. Las cosas como son. Y los españoles que anden por aquí saben bien de lo que hablo. Intentarlo, lo intentamos, pero siempre son sucedáneos de la verdadera comida española.

Me gusta comer. Lo que sea, porque gracias a Dior y creo que también a la genética, me gusta todo. Me encanta salir a tomar cañas, o mejor, botellines de Mahou. Y tomar jamoncito o unas patatas aliñás, o aceitunitas, lo que sea. Si estás en España seguro que está rico.

Aquí no hay de eso. Algún sitio puedes encontrar pero no es lo habitual y te dejas una pasta. Y no se te vaya a ocurrir tirar el palillo al suelo. Que siiiii, que es una cerdada, pero es tan español…
Aquí hay montones de restaurantes de los buenos buenos. De los de a 100 el cubierto y súper cocinero de moda a bordo. Y que quieres que te diga, aunque se come de miedo cada vez me dan mas pereza. 
También hay montones de restaurantes de los malos malos. Con perdón, pero manda narices que en cada esquina haya algún lugar en el que te venden comida basura o chatarra como dicen por aquí muchos. ¿De verdad no saben por qué hay tanta obesidad?
También hay una corriente muy fuerte de comida sana, súper sana, súper biológica y súper mala que te cagas, en algunos casos. Pongo un ejemplo: he visto a más de uno llegar con su ropa deportiva ideal de la muerte, su súper cuerpo serrano y pedir que le hagan un batido con: espinacas, remolacha, pimiento verde, apio, mucho apio y algo tipo acelgas. Me lo bate por favor que va estar que te mueres. Crudo, sin un chirrín de sal y mucho menos de aceitito. ¡Venga hombre! ¡Qué se lo beba tu tía la del pueblo! Estos no se han enterado aún de cómo se hace un buen gazpachito.

Echo de menos el bareto de siempre, el del hueso de aceituna y el palillo en el suelo. Y que el camarero te diga al entrar:
- ¿Qué va a ser bonita? ¿Lo de siempre?
Se me saltan las lágrimas…




jueves, 27 de marzo de 2014

Pelos

Ayer hablé con mi madre por teléfono:
- Hola mamá. ¿Cómo estás?
- ¿Cómo está tu pelo? – me pregunta.
- ¿Mi pelo? – pregunto extrañada.
- Si hija, tu pelo.
¿Se le ha ido la pinza?
- Hombre pues está bien… Con alguna cana que se empeña en salir. Tiesa además - la japuta… eso no se lo digo pero lo pienso - ¿Qué pasa con mi pelo mamá? ¿Por qué me preguntas por él? ¿Estás bien?
- ¡Hija mía eres tonta de capirote! ¡Qué si va creciendo!
- ¡Ah coño! digo ¡Ah claro! – entonces me acuerdo de que la última vez que me vio me lo acababa de cortar muy muy cortito - Sí mamá, va creciendo. Medio raro. Ya sabes como es esto de cortarte el pelo cortito y luego volverlo a dejar largo. Tengo miedo al momento “sota de bastos” pero ya buscaré arreglo.

Y es que nos pasamos la vida peleando con el pelo. Cuando sale, porque no quieres que salga, y cuando deja de salir, porque no quieres que se vaya… Mi abuela decía que cuando te haces mayor se cae el pelo de algunas partes pero te sale por otras. Tal cual.

Porque que ilusión hace cuando los cachorros ya tienen su pelito en condiciones, no una pelusa indefinida. Y luego creces y creces, y creces un poquito más, y venga a salirte pelos por todas partes. Pelos por aquí... pelos por allá… Y sinceramente hay muchos de ellos que preferirías no tener, pero te aguantas, y justo en ese momento empiezas una gran batalla contra ellos que durará toda la vida o hasta que tu cuerpo diga:
- Ya. No quiero veros más por aquí. Largo.
Lo malo es que cuando esto ocurre, ya eres tan mayor que te importa tres pitos tener un pelo en la punta de la nariz que saluda a tus invitados antes que tú o un par de ellos en las cejas como si fueran antenas.

Que paz tendríamos todos si nos dejáramos las melenas libres. Qué manía de ir contra natura. Se acabaron las depilaciones, los tintes, el láser, las cuchillas, ¡las pinzas!… ¿Antiestético? Sí, pero seguro que nos acostumbramos. ¿Quién nos iba a decir hace 20 años que los tíos se iban a unir a esta batalla de dar finiquito al pelo? ¿O qué seríamos capaces de cambiar el grosor de las cejas de 1 mm a 1 cm y de 1 cm a 1 mm?

Todo son modas, también lo decía mi abuela. Todo es acostumbrarse.




lunes, 24 de marzo de 2014

Jugando a los médicos

Ayer por la tarde mientras Currito y el Currante se tragaban el Real Madrid - Barcelona, Currita y yo nos montamos un hospital con cafetería .
En sólo dos horas tuve anginas, un brazo roto, una herida de 44 puntos en una pierna y ganas de gomitar.
Lo cierto es que nos lo tomamos tan en serio, que al final Currito mandó a paseo a su equipo y vino a salvar a su mamá que, tras pisar una cáscara de plátano se pego el leñazo de su vida y había que hacerle una intervención urgente. Vamos que, con rotulador en mano me pintó una cicatriz desde el tobillo a la rodilla. Y tan feliz.
- A ver ahora como te quitas eso mami, que ese retu verde es de los que no se borran -  me dijo Currito.
- ¡Puez zi ze quita! Con agua y jabón - le replicó Currita.

Después del partido y de tanta enfermedad, el Currante se bajó a los cachorros a la piscina. Me pude quedar un ratito en paz, leyendo sobre Suárez y sobre las marchas del día anterior en Madrid.
Cuando me cansé de tanta historia y tanta frustración, decidí bajar a darme un baño. Cogí las llaves, las gafas de sol, y en un periquete estaba en el ascensor de palique con algún vecino que también bajaba a la piscina.
Reconozco que no noté ninguna mirada extraña ni ningún comportamiento que me hiciera dar cuenta del ridículo que estaba haciendo. Sólo cuando llegue a la piscina y escuché a Currito:
- ¡¡¡Mamiiiii te has dejado la cofia de enfermera!!!
Mierda… Miré hacia el suelo y por supuesto mis pantalones cortos dejaban al descubierto mi súper cicatriz de tobillo a rodilla hecha con retu verde… Así que, como quien no quiere la cosa me quite el sombrerito de enfermera y me tiré al agua. Disimuladamente froté mi pierna para dar finiquito a la cicatriz verde pero, fue peor el remedio que la enfermedad. Si. Cuando salí del agua mi pierda y mi mano parecían las de Shrek, verde que te quiero verde...

jueves, 20 de marzo de 2014

Resaca

Tengo resaca. Me pesa el cuerpo, me duele la cabeza como si me hubiese pasado un tractor por encima. Tengo nauseas y sueño. Mucho sueño.
Me siento en el sofá y sujeto mi cabeza con las dos manos suplicando que el ibuprofeno haga su faena. Y a ratos, me miro a mi misma de reojo y me digo:
- Si es que…
- Si es que, qué.
- Menuda cogorza, guapa.
- No estoy de acuerdo. Tampoco fue para tanto. Lo que pasa es que no tengo costumbre. Además, de siempre se ha dicho que cuando bebes mucho en la playa no te emborrachas, y ahora vivo en la playa.
- No, si encima de borracha vas a ser idiota.
Me siento idiota.
Y me entra cargo de conciencia porque no he ido a clase. No puedo. Y me arrepiento en lo más profundo de mi ser de haber bebido. Y maldigo a la cerveza y a sus encantos. Y me juro a mi misma que jamás, jamás en mi vida volveré a pasar de tres. Ese va a ser mi tope y sólo en ocasiones.

Entonces de nuevo siento que me estoy mirando de reojo:
- Pero ¿cómo qué tres? Y te parecerán pocas…
- No…
- Deberías jurar que nunca más probarás el alcohol. No que no vas a tomar más de tres cervezas. Menudo morro tienes tía y vaya mierda de arrepentimiento el tuyo.
- Soy realista – me reafirmo.
- Y borracha – me vuelvo a refirmar.
- Ya…
 Ay Dior, que mal me siento y que pesada soy… A ver si me callo un ratito y me duermo…






martes, 18 de marzo de 2014

La más mayor de mi clase

En Miami se habla español y algunos un poquito de inglés. Así es. No entiendo a la gente que elige esta ciudad para aprender ese idioma. Jamás he necesitado hablar inglés con nadie. Si lo hablas es porque te da la gana.
El caso es que ya que estaba aquí, me apunté a la escuela oficial para rematar mi aprendizaje. 40 dólares por un curso de 3 meses, era perfecto. Lo que no me dijeron, después de pasar un test de 3 horas, es que iba a compartir la clase con jovenzuelos de no más de 30 años. ¡Y yo con estos pelos!
Pues sí, quitando a otras dos personas, soy la mayor de mi clase. Y somos unos 20.
Así que todas las mañanas, cojo mi bici y mi  mochila y me voy al cole un par de horitas.
La cosa es que, inglés no sé si terminaré de aprender, pero estoy flipando con las nuevas generaciones.
Por ejemplo, un día cualquiera (léase bajito):
- Oyeee, oyeee. ¿Qué hay que hacer aquí? – oigo que me pregunta el de al lado. Un jovenzuelo con el pelo pincho, de esos que se matan en el gimnasio y que lleva dos brillantes gigantes en las orejas.
- Completar las frases – le digo.
- ¿Qué frases? – dice sin levantar la cabeza.
Mientras me hago la sorda, miro de reojo y veo que tiene el móvil entre las piernas con el Facebook abierto. ¡Y un huevo! Me digo a mi misma. ¡O cierra el Facebook o que le sople Rita la cantaora! O si no, que se vaya a la playa.
Entonces, con mi capacidad de abstracción, me piro a la luna y pienso….
¡Qué pasada si hubiese tenido un móvil cuando iba al cole! Si me hubiese podido conectar a Facebook o tener un whatsapp para mensajear con cualquiera… Nunca fui buena estudiante. Nunca. Era mala mala malísima. Vamos que no pegaba ni chapa. Hubiese sido mi perdición. Definitivamente.

Y la otra es que han tenido que dar un toque al personal para que su indumentaria sea mas recatada. No sé si os podéis hacer una idea, pero sólo os digo que estoy en Miami y aquí es normal que la gente vaya en bragas o en tanga por la calle.

Y es que os juro que hay días en los que me resultaba imposible mirar a la gente a la cara. A ver niña con ese par de tetas que te has puesto (porque no te las ha regalado la madre naturaleza), ¿cómo quieres que te mire a la cara, si vienes a clase en biquini y con un mini-mini-pantaloncito? No le quito ojo a esa pechonalidad no sea que explote y haya que salir por patas. ¿Qué necesidad hay de ir en bolas al cole? Con razón están todos revolucionados. Y yo cada día mas mayor. Mierda.



jueves, 13 de marzo de 2014

Sí y no

Quiero decir no pero es sí. Quiero irme y me quiero quedar. Quiero saltar por la ventana pero que esté cerrada, así el piñazo me hace quedarme donde estoy. Quiero gritar como si me mataran y escuchar el silencio. Comer hasta reventar y sentir el estómago vacío. Decir mi verdad, mintiendo, claro.
¿Pirada? No. Hay días en los que esto es así. ¿O no? No sabes si te quieres comer el mundo o que el mundo te coma a ti.
Sí. No hay quien me aguante. A veces.
A veces piso fuerte andando de puntillas, y nadie se entera. Hablo pero quiero callar. ¡Coño! Que ya lo sé. No hay quien me aguante. A veces quiero ser invisible y pisar una alfombra roja.

Bueno ya vale. Esto tiene una explicación. Para mí tiene una explicación. Quiero pensar y no pienso. Eso es todo. Entonces desvarías y te piras a la luna o te acuerdas de que se ha terminado la leche. Y cuando casi lo tienes de nuevo, pasan 6 pelícanos por la ventana y entonces te sorprende, como siempre, lo grandes que son.
- Espero que no les guste nada de lo que hay en la terraza. Y, ¿cuándo hay que vacunar a Currita? - te dices.
Pero vuelves. Y aunque te parezca mentira (me pongo colorada, cuando me miras). Cantas un ratito (soy de mucho cantar) y te sientes gilipollas. Y te vuelves a pirar a la luna. Y respiras, una, dos, tres, cuatro veces. Consigues contar hasta quince. La siguiente te acuerdas de que hoy Currito tenía fútbol y no ha llevado la camiseta del equipo. Vueeeeelo a llevársela.

Ciao, no sé cuando volveré.