miércoles, 15 de octubre de 2014

Que toda la vida es sueño...


Sueño que me despierto, pero sigo dormida. Salgo corriendo como si un lobo me persiguiera. Cuando parece que me atrapa, me doy la vuelta y le digo:
- ¡Qué! ¡Lobo de mierda! ¡Ya te estás largando por donde has venido!
Y veo satisfecha como huye.

Pero otras veces me llevan en moto por la Castellana a toda velocidad, sin casco y con todos los semáforos en verde. Y cuando nos vamos a estampar contra la estación de Atocha, la moto empieza a volar. Me da un miedo que me muero… Mucho más que el lobo de mierda. Y aquí no me atrevo a gritar. Ni siquiera rechisto, sólo me abrazo fuerte al piloto y cierro los ojos. Pero la sensación es de que me voy a matar, de que voy a morir… Un horror.
Otras veces sueño en dibujos animados: soy una niña pequeña y estoy subida en la rama de un árbol con un  montón de pajaritos de colores súper cursis. Yo quiero saltar y largarme, pero ellos se empeñan en cantarme una y otra vez la misma canción. Y así hasta que pego un salto, me estampo contra el suelo y salgo corriendo mientras los pajaritos me persiguen revoloteando a mi alrededor, como moscas. Y todo esto en dibujos animados tipo Heidy. Auténtica pesadilla de terror.
Y otras sueño que salgo de casa y al llegar a la calle, West Avenue se ha convertido en la Castellana. Y me pongo a dar saltos de contenta, grito mucho y escucho esto:



Y cuando hay que volver a casa, de nuevo estoy en Miami, pero sé que cada vez que bajo a la calle aparece la Castellana… Es como si sólo me separara de Madrid las 24 plantas del ascensor. Así que me vuelvo vagabunda y me quedo a vivir en la calle. Estaba claro.



Yo sueño que estoy aquí,

destas prisiones cargado;

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.


Calderón de la Barca


martes, 7 de octubre de 2014

Y Currita me levantó el vestido

Es curioso pero muchos días no tiene nada que ver el tiempo que hace en un lado del edificio con el que hace en el otro. Hoy ha sido uno de esos días. Por el lado que vemos desde casa había algunas nubes y por el lado que sales a la calle estaba lloviendo con ganas. Encantos de Miami.
Currita iba en su carrito y no me preocupaba porque puedo poner la burbuja, pero Currito y yo nos íbamos a calar. Así que, justo cuando dábamos la vuelta para subir de nuevo y coger el coche, uno de los aparcacoches me ha dicho:
- ¿Quieres que te deje un paraguas?
- Si por favor, mil gracias. Así me evitas subir y coger el coche. Íbamos a perder mucho tiempo y seguro que llegamos tarde al cole… - le contesté aliviada.



Inocente de mi, ni se me pasó por la cabeza que los paraguas de los aparcacoches son tamaño sombrilla… Ya daba igual. Con una mano empujaba a Currita y con la otra sujetaba el mega-paraguas, mientras trataba de evitar que Currito se metiera en todos los charcos que encontraba a su paso.
De momento parecía una buena solución, hasta que ha empezado el diluvio universal. Currita se quejaba porque el agua se colaba en su refugio y Currito y yo también nos empezábamos a mojar. Y esto sin contar que mis brazos ya notaban el sobresfuerzo de llevar el carro con una mano y la sombrilla con la otra. Un cuadro.
Finalmente hemos dejado a Currito en su cole, sólo con las zapatillas algo mojadas y un lado de la camiseta… Me he hecho la sueca y he continuado mi camino, algo más liberada, hasta la guardería de Currita. 
Las calles ya estaban completamente inundadas, el agua me llegaba por los tobillos, sin exagerar, y una ligera peste empezaba a invadir el ambiente (prefiero no pensar mucho en su procedencia, aunque estaba bastante claro que venía del alcantarillado...).
Pasados 5 minutos nadando por esta ciudad, Currita llega completamente seca a clase y yo completamente calada.
Y ahora viene lo mejor: mi querida hija toca mi vestido, comprueba que está mojado y dice mientras me lo levanta hasta el ombligo:
- ¿Y las braguitas también mami?
-¡¡¡Nooooooooooo!!!
Que rica la niña…


viernes, 3 de octubre de 2014

Abrazarse

Currita lleva varios días despidiéndose de sus amigos del parque con un abrazo. Los busca uno a uno y los abraza. Cuando termina dice:
- Vamos mami, ya está – y me da la mano para irnos.

No sé de donde se lo ha sacado, pero me encanta que lo haga, y más en este país dónde a veces parece que si te tocan te van a contagiar algo.
Mucho cuidadito con tocar y ni se te ocurra dar un beso cuando te presentan a alguien y mucho menos dos. Se estira bien el brazo para dar la mano, y encima la mano floja...
Incluso he comprobado que en una conversación si das un paso hacia adelante y te acercas más, ellos lo dan hacia atrás y se alejan. Es como si trataran de marcar constantemente un límite o como si olieras mal.


Hace poco publicó El País un artículo interesante con relación a este tema:

"Cuando abrazamos y nos abrazan todos los órganos de nuestro sistema se activan: el corazón, el cerebro, los sensores de nuestra piel y nuestro sistema endocrino. Este gesto nos beneficia con una energía extra y una sensación de paz y equilibrio".

Aquí os lo dejo entero: Mínimo, cuatro abrazos al día

El tema es que, por suerte Miami es una ciudad multicultural y de la misma manera que te encuentras a muchos que ponen una barrera en su saludo, también los hay que siempre que te ven te plantan un abrazo. Y cuando digo siempre, me refiero a siempre. Da igual que os veaís a diario o que sea tu vecino y te cruces con él varios días a la semana. Te plantan un abrazo con apretón incluido, y a mi me encanta.
La diferencia es clara: los americanos no suelen tocarse y los latinos se tocan todo lo que pueden y más.
¿Qué preferís?

¡Abrazos por doquier!




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Alarma

Ayer me despertó la alarma de incendios a las 4.30 de la mañana. Casi palmo del susto, y no precisamente por miedo a que hubiese un incendio, si no por el ensordecedor ruido que emite el cacharro.
Cada casa tiene un altavoz en el techo del salón que suena como si se hubiese metido un camión de bomberos dentro, es una locura.
Como decía, la alarma ha sonado a las 4.30; me he levantado, he visto que los cachorros no se han inmutado, pasados 2 minutos ha parado y me he vuelto a la cama.
Hoy, después de comer, ha vuelto a sonar, pero esta vez una señorita encantadora nos ha comunicado que era una falsa alarma. Por si eres sordo o por si pretendías echarte la siesta ha tenido la delicadeza de repetirlo tres veces en dos idiomas (estilo aviso de aeropuerto, para que os hagáis una idea).



Todo esto me ha hecho recordar cuando acababa de llegar a esta casa y también un medio día la alarma de incendios empezó a sonar. Estábamos Currita y yo solas. La pobre Currita dormía, y yo me asusté de verdad (no como ahora que me resbala). De repente me vi como en “El Coloso en llamas”, siendo salvada por un helicóptero después de haber estado a punto de morir a la parrilla… Pelín exagerada, vale.
Salí por patas, cogí a Currita en brazos, y me dispuse a obedecer las ordenes que la encantadora señorita nos daba por megafonía: salgan de sus casas, abandonen el edificio, no utilicen los ascensores, hay una alarma de incendios en el edificio.
Este mensaje lo repetía una y otra vez en dos idiomas y con el sonido de una sirena de fondo. Para cagarte de miedo, os lo aseguro.

Al salir no olía a quemado ni pude ver humo, tampoco vi ningún vecino fuera. Pero yo, me dispuse a bajar las 24 plantas que me separaban de la salvación, andando. Así que empecé, un piso, y otro, y otro más, y otros 5 más, y otro más… De vez en cuando me asomaba a los ascensores por ver si veía a alguien, pero estaba más sola que la una. Sí, me mosqueaba pero yo tenía que llegar abajo y salvarnos. Las 10 últimas platas creí morir. Currita pesaba un huevo y medio y yo estaba bajo cero en forma física. Cuando por fin parece que llego al final, en la plata cuarta más o menos, vuelvo a escuchar a la encantadora señorita, esta vez con otro mensaje:
- Ha sido una falsa alarma, pueden volver a sus casas.

Me senté en las escaleras, abracé a Currita y me sentí la mujer más gilipollas del mundo.
Estoy segura que aquel día una servidora y su hija fuimos las únicas que movimos el culo de nuestra casa.
Y os aseguro que desde aquella vez, si suena la alarma, (que suena una vez al mes mínimo), espero, espero, espero y al final siempre la encantadora señorita me dice que no haga ni puto caso. Y yo, obedezco.





martes, 16 de septiembre de 2014

Fútbol, fútbol, fútbol

No me gusta el fútbol. No me gusta nada. Prefiero fregar los platos o incluso planchar antes que ver un partido. No conozco a ningún futbolista. Bueno sí, a dos: a Iker y a Casillas. Vale, era una broma, pero conozco a alguien que de verdad lo cree así. Iker es uno y Casillas otro.
Tampoco sé nada de fútbol, ni qué es un penalti, ni un fuera de juego, nada. Nada de nada, y hasta ahora he vivido muy feliz así.

A lo que voy. Mi pequeño Currito no sólo sabe que Iker Casillas es el portero de su selección y el de su equipo favorito, si no que también es capaz de numerarte la selección de Haití de memoria, por poner un ejemplo… Le pirra el fútbol. Pero le pirra, le pirra. Le vuelve loco.
Hace unos meses cuando ponía la tele, buscaba sus dibujos preferidos, ahora sabe cual es canal en el que hablan de fútbol las 24 horas y ponen partidos constantemente. A él le da lo mismo quien juegue con tal de ver uno.
Y por supuesto si le gusta verlo, más le gusta jugar. Está apuntado en el equipo del cole dos días a la semana, en el de Miami Beach otros dos días y los sábados juega un partido con amigos. De locos, sí, totalmente de acuerdo.

Así que ahora me toca, con demasiada frecuencia, mirar como un montón de pequeñajos van corriendo detrás de una pelota como si les fuera la vida en ello. Y yo, como mamá, babeo un rato por ver a Currito tan feliz. Pero reconozco que lo haría igual si le hubiese dado por bailar lambada. Exactamente igual.

¿Me terminará gustando el fútbol?

Currito a punto de jugar

martes, 9 de septiembre de 2014

Insomnio

Ayer me acosté a las 12.30. No suelo acostarme tarde, pero quería esperar a ver la luna desde la terraza. Me mandaron fotos de ella desde España y pensé que merecía la pena verla porque estaba preciosa.

Me acosté para dar vueltas y más vueltas a todo lo que me ronda por la cabeza últimamente. Le daba una vuelta para un lado, y otra para el otro. Así, una y otra vez.
A las 3.15, estaba en la terraza contemplando la luna de nuevo. 
Media hora más tarde me volvía a la cama a intentarlo otra vez. Y sí, esta vez parecía que me dormía, cuando de repente, en medio del silencio escucho:
- ¡¡Mamiiiii!!
Currita quiere venirse a mi cama, y yo, que aunque no lo parezca me esfuerzo por ser buena madre, trato de ayudarla a volver a conciliar el sueño en su camita, quedándome con ella media hora. Cuando por fin parece que se ha dormido regreso a la mía. Suspiro, miro el reloj, las 5.30.
- Aún me quedan dos horas - me digo sin sospechar la que se me venía encima.

Oigo de nuevo a Currita, pero esta vez demasiado cerca. Abro los ojos y la veo a los pies de mi cama (que por cierto casi me da un infarto).
- Mami ez que no quiero dormir máz - me dice con voz de pena.
- Pero si aún falta mucho para levantarse, ven aquí conmigo – le digo tirando por la borda todo lo que había argumentado antes para que se quedara en su cama. 
Y de un salto, se me tira encima con más energía que si se hubiese tomado un Red Bull.

Después de patalearme, de hacer que ronca como un señor, de tirarme del pelo (sin querer, según ella) y de levantarse al baño 3 veces, finalmente, puede con mi paciencia.
- ¡Ya está bien!  ¡Por favor estate quieta y trata de dormir! - le digo enfadada.
Entonces ella utiliza su último recurso:
- Mami ez que me ziento mal porque zi eructo me zale el ruido por la oreja – comenta tocándose el oido con cara de perro abandonado.
- ¿¿¿Cómo??? Pero Currita eso es imposible…

Y justo cuando trataba de explicarle que los eructos no salen por la oreja… Ha sonado el despertador.







martes, 2 de septiembre de 2014

Okupas en casa

Increíble el viaje que se pegaron Paquita y sus amigos este verano. Desde Toronto a Miami en coche. En Miami les esperaba mi casa vacía, porque nosotros estábamos en España. Un plan perfecto para finalizar una aventura entre amigos, si no fuera por la sorpresa que encontraron al llegar...
La una de la madrugada, por fin están en Miami. Agotados, supongo, suben las maletas con la intención de encontrar una casa preparada para ellos (así fue como lo dejé).
Al abrir la puerta les sorprende la terraza de par en par. Algo extrañados, ponen el aire acondicionado a tope, la cierran y recorren la casa con la intención de repartir las camas. Pero, sorprendentemente una de ellas ya estaba ocupada…
Así es, en la cama de mi querido Currito, dormía a pierna suelta un señor, acompañado de sus bolsas de plástico, su olor a pies y su sudor. El señor se sobresalta al oír los gritos de Paquita, y flipando con la pillada que le acaban de hacer, trata de defenderse alegando que es amigo de la señora que limpia en la casa, que por favor no llamen a seguridad, que son honrados, que les buscamos la ruina…
Debo explicar que, antes de ir a España dejé la llave de casa a Filomena para que regara las plantas, y dejara la casa recogida cuando Paquita y sus amigos se fueran. Filomena es una señora dominicana que trabaja limpiando apartamentos en el edificio. No era la primera vez que le dejaba la llave y tampoco era la primera que le daba tal confianza. De hecho, trabajaba en 30 apartamentos del edificio.

El señor que ocupó la cama de Currito era el primo de Filomena, según ella. La casa estaba absolutamente ocupada por los dos. Había cacerolas y comida en la cocina, toallas y jabones que nosotros no usamos, plantas, ropa…
Paquita llamó a seguridad y se lo llevaron, pero sorprendentemente Filomena apareció a los 10 minutos (fijo que dormía en otro apartamento, las distancias en Miami no te permiten estar en 10 minutos en ningún sitio). Trató de justificarse diciendo que yo le había autorizado a usar mi casa en caso de emergencia.
 ¡Ja! ¿Se puede tener más morro?

- Filomena, dame las llaves de casa y lárgate de aquí que a mi no me tienes que dar explicaciones – le dijo Paquita con la chulería que le caracteriza.

Filomena se marchó para siempre. El edificio le ha prohibido la entrada y en caso de tener que hacerlo debe ser escoltada por alguien de seguridad. Se ha quedado sin trabajo, y yo que soy medio boba me quedo con pena por ella...
Paquita y sus amigos, tuvieron un final del viaje digno de película.